martes, agosto 15, 2006

Rememorando tiempos mejores

Ya se han cumplido seis años de mi partida de Ceuta. Un aniversario triste para mí. Cada vez estoy más convencido de que nunca debí irme. Sobre todo porque, en sentido figurado, mucha gente murió para mí y yo morí para ellos. En realidad toda la gente que conocía en Ceuta, salvo apenas diez personas muy cercanas. De los demás me llegaban noticias muy de cuando en cuando.
Ese tema aún me duele. Gente que viene, que se va, que nacen, que mueren, que se separan, que se arrejuntan, que crecen, que envejecen... La vida siguió pasando allí, y yo era ajeno a ello. En mi mente todavía estaba la imagen de las personas tal y como las dejé hace exactamente seis años y ocho días. Mis amigos, mis vecinos, mis profesores, mi casa... Yo me crié allí.

Y ha sido hoy una grata sorpresa comprobar una respuesta a un discreto mensaje que dejé en el foro del colegio San Agustín en enero de este mismo año. La primera sorpresa es que alguien se acordara de mí. La segunda, poder hablar y establecer contacto con gente que no veía desde hacía tantísimo tiempo desde mi perspectiva.
Volver a conocer gente con la que he compartido tantas mañanas y tardes, tantas meriendas, tantos recuerdos... Porque es agradable recordar todas esas pequeñas cosas insignificantes por tí mismo, pero que te las cuenten otros es una sensación magnífica.
Otro momento importante para mí ha sido comprobar el paso del tiempo en mis amigos. "Estás muy cambiado" te dicen. Sin embargo, el tiempo ha pasado para todos y me ha llegado a costar reconocer a algunos de mis antiguos compañeros.
Lo que yo siento no es que me haya separado de ellos. Siento que hubo un momento en que el tiempo se paró y hoy ha vuelto a seguir corriendo. Gente que yo temía no volver a ver e incluso olvidar ha vuelto a hablar conmigo. Hoy soy feliz.
Aún tengo el punto de vista que dejé, de niños de ocho y nueve años. Habrá que salvar las diferencias de tiempo, pero no creo que eso sea ningún impedimento: podría estar horas escuchando anécdotas de lo que ha pasado en los últimos años y atenderlas meticulosamente todas, una a una.

Siento una extraña seguridad ante estos "nuevos" amigos míos, de los que confiaría sin ningún problema a pesar de la distancia. No pasa ahora mismo por mi cabeza la posibilidad de que me dejen tirado o, menos aún, que me den una puñalada por la espalda. Porque eran mis amigos, lo siguen siendo, y son la hostia.

No sabéis la felicidad que siento por saber que han estado ahí todo este tiempo. Realmente estoy contento.

Lo único que lamento ahora es no poder quedar físicamente con ellos, pero todo se andará. Como dijo aquel poeta catalán,

Tot está per fer,
i tot és possible.

2 Comments:

At martes, agosto 15, 2006 8:16:00 p. m., Anonymous Anónimo said...

El destino, siempre tna caprichoso...

Salsa Rosa , etc

 
At martes, agosto 15, 2006 9:34:00 p. m., Blogger Jose L.J. said...

Ya cuento los días que faltan para ir a Ceuta el año que viene.

Qué triste tener que esperar, pero qué bueno tener la seguridad de que voy.

 

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